jueves, 16 de diciembre de 2010

Tarta de queso

Hoy, he empezado a hacer una lista de las cosas que quiero hacer para el 2011.
Entre tanto sexo, drogas, algún que otro caprichito glotón y locuras varias, he puesto enamorarme.
Pero lo he puesto acompañado de signos de interrogación.
Cuando estoy “sola” (y lo pongo entre comillas porque estar sin pareja no implica estar solo, implica sólo no tener pareja. Una persona está sola cuando no tiene a nadie.
Yo tengo muchos buenos amigos, y tengo familia) pienso en todas las cosas que me gustaría hacer con la persona con la que estuviera.
Perversiones alocadas, juegos eróticos, tardes solos viendo películas juntos…
Dedicarnos miradas.
Tener un día para nosotros solos.
Ver una de esas películas de mierda de amor, juntos bajo la manta.
Y dormir acompañados después de una buena noche… intensa.
Todo esto lo imagino cuando estoy sola.
Una vez se me brinda la oportunidad de estar con alguien, paso completamente de todo esto.
Me aíslo en mi universo de “déjame vivir en paz y tranquila”
“Déjame con mi locura”, reclamo.
Y todos esos deseos que a priori ansiaba, se desvanecen con las ganas de empezar algo nuevo y de ser abierta y descubierta por una persona.
Es como un caparazón, que no dejo que la persona que esté conmigo rompa.
Mal hecho, pues para sentir el amor hay que ahondar en la persona, y dejar que ella ahonde en lo más profundo de tu ser.
Aquello implica el comienzo de un sendero hacia la debilidad.
Sendero que nunca he tenido la valentía de tomar.
¿Quiero hacerlo ahora? Sí  ¿puedo hacerlo ahora? Lo dudo.
De todas maneras, para ser capaz de hacer esto, debería de considerar a personas como iguales, iguales a mí.
Y a pocas personas las considero como iguales, pues unos son superiores y otros inferiores, ya sea intelectual o físicamente.
Si voy con una persona superior a mí, estaré incomodada por el hecho de tener siempre que estar “perfecta” para él y a la vez, estar al acecho para que no me haga daño, pues al ser superior, el daño hecho sería mayor.
Estaría incomodada también porque las personas superiores son imposibles para mí, habría que luchar por ellas, y no lucho por nada, vivo en un puto nihilismo.
Padezco la más grave enfermedad del hombre: la apatía.
Estos por lo cual, descartados.
Ahora vamos con las personas inferiores.
Quizás estos sean más listos o más bellos que yo, pero de alguna manera los he considerados inferiores, ya sea por el hecho de que son capaces de enamorarse o ya sea porque pienso que si los he conseguido es porque no merecen la pena, pues, repito, no me mato por conseguir algo.
Paso de escribir más, me voy a ver una peli romántica que me han recomendado.
PD 1: estoy pensando en sus ojos.
PD 2: estoy celosa.
PD 3: admiro a las personas que se pueden enamorar.


Espaguetis

Hoy podría pasarme el día tumbada en la cama, calentita,
abrigada,
escuchando a Yann Tiersen,
escuchando a Amelie.
La Valse D'Amélie. Versión piano, orginal, orquesta, todas.
Y dormir. Y llegar a la fase R.E.M.
Que se abra mi subsconciente, que me deje entrar en él.
Poder descubrir lo que mi mente anhela.
Más tarde imaginaré comer fresas de mis dedos.
Mejor con alguna persona.
Pero eso es sólo hoy, el resto de días me mareo a mi misma y nunca llego a nada.
Siempre deseo el momento del día en que esté sola en casa, hartándome de comer, pensando y recapacitando. Sola.
Dentro de una hora estaré comiendo espaguetis, mi comida favorita, con mi alma gemela.
Realmente me alegro de que estemos en la misma carrera, aunque seamos más de ciencias, el destino nos trajo acá.
¿Por algo será?
La admiro por muchas cosas, pero hoy precisamente la admiro por poder enamorarse.
Aunque ella no lo ve así.
Pero esto es sólo hoy, mañana volveré a ponerme el escudo.
Todavía sigo escuchando a Amelie.